Estabilidad: Es la fuerza que activa nuestra conexión con las posesiones materiales. En esta disposición corporal, la postura es inmóvil y equilibrada ya que en esta disposición hay una tendencia a la quietud. Cuando hay movimiento este es reducido, calculado, monótono, pesado, constante, consistente, volviendo siempre a cierta rutina.
Apertura: Se manifiesta en las personas en forma de sentimientos y acciones creadoras de vida. La maternidad es un gran ejemplo de apertura. Al igual que el agua fertiliza purifica y depura. Esta fuerza nos facilita el sentir. Es la comunicación con nuestro propio ser, en relación a lo que nos emociona. Desde aquí es posible el escuchar, el observar, el esperar, el guardar silencio, ceder, retroceder, la conexión con las emociones y aceptar.
La postura de la apertura es con el peso del cuerpo levemente cargado hacia atrás. Tendencia a retroceder, tono muscular bajo, dinámica de movimientos
lentos y delicados, respiración por la boca, moviendo el abdomen.
Resolución: Desde la resolución sustentamos el poder personal y la capacidad de acción. Es una disposición que cuando está presente es tremendamente atractiva. Es como un imán. Las personas resueltas avanzan y empujan al resto, se las arreglan para ser el centro de atención. Son muy vitales y energéticos.
El cuerpo siempre está cargado hacia delante, la mirada es fija, con los
ojos apretados, los movimientos son explosivos, la respiración es por la nariz agitada y corta.
Flexibilidad: En esta disposición corporal todo es leve, liviano, cambia de dirección en cualquier
momento. Es una fuerza que nos permite AMAR desde la armonía sin esperar nada a cambio, es posible soltar apegos, creencias o juicios maestros personales y de otros, estados emocionales y opiniones (libertad para cambiar de opinión). No existen límites claros. Facilita la creación, el soñar y el juego. En los equipos de trabajo aportan liviandad, creatividad y relaciones sin excesos de control.
El cuerpo siempre está en movimiento, la mirada es sin dirección fija, ojos muy abiertos, respiración con amplios suspiros intercalados, boca muy abierta.
Centramientro: En diferentes circunstancias y culturas se le conoce por el fluir, el claro, el momento iluminado, el aquí y ahora, el acecho, el estado de atención, el hacer desde el candor, la lucidez. Es el espacio que precede a las disposiciones corporales, desde aquí se sabe, sin pasar
por el pensamiento cuál es la disposición precisa a la que debo entrar, cuanto tiempo mantenerse y cuando salir, siempre en estado de alerta.
El cuerpo está en la tensión precisa para el momento que se está viviendo, la emoción es justamente la adecuada y el lenguaje brota con palabras sabias que salen desde el corazón, no de la mente. Se crea un momento luminoso absolutamente a–temporal, la verdadera magia.
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