“Manos de pianista”
Quería comenzar esta entrada con un prejuicio…
¿quién no ha escuchado alguna vez esa frase? Otras veces he oído decir “no toco
guitarra porque mi mano es muy pequeña” o “no canto porque no tengo voz para
eso”. Cada vez que recibo una frase como esa, les pregunto si lo han intentado
alguna vez, y normalmente la respuesta es no.
En la clase anterior conversamos sobre los juicios y los prejuicios, y nos cuestionamos si éstos son positivos o negativos para nuestra vida. Emitir un juicio, como ya aprendimos, es diferente a tener un prejuicio sobre algo. El juicio tiene directa relación con algo que se observa y se juzga (es decir, está basado en una experiencia), mientras que el prejuicio nace sin un conocimiento mayor sobre lo que se valora, y normalmente cae en el error (aunque no siempre sea así).
Wikipedia dice sobre el prejuicio: "Un prejuicio (del lat. praejudicium, ‘juzgado de antemano’) es el proceso de
formación de un concepto o juicio sobre alguna cosa de forma anticipada, es
decir, antes de tiempo;1 implica la
elaboración de un juicio u opinión acerca de una persona o situación antes de
determinar la preponderancia de la evidencia, o la elaboración de un juicio sin
antes tener ninguna experiencia directa o real.”
Emitir un juicio es inevitable. Lo hacemos en todo
momento, así podemos decidir entre lo bueno y lo malo, entre lo útil o lo
inútil, entre aquello que nos puede hacer crecer o incluso matar. En cambio, el
prejuicio nos vuelve personas cerradas de mente, con poca disposición a conocer
lo nuevo, a vivir nuevas experiencias.
Es importante tener conciencia sobre esto, para que
en la vida no nos ocurra que perdamos una buena oportunidad sólo por ser
prejuiciosos. En lugar de ello, debemos intentar mantenernos neutros ante una
situación y que la experiencia nos enseñe aquello que nos sea de utilidad y
aquello que pueda ser perjudicial, para así, con conocimiento, poder después
emitir juicios que nos ayuden.

No hay comentarios:
Publicar un comentario