“No es fácil enfrentar el mundo cuando no tenemos todos los sentidos a nuestra disposición”. Eso fue lo primero que pensé cuando nos plantearon ser el lazarillo de uno de nuestros compañeros.
En mi caso, siendo lazarillo, intenté generarle confianza y tranquilidad, pues supuse que si no se sentía cómodo el paseo sería más lento y difícil. Por suerte, el resultado fue positivo y mi compañero logró su cometido en muy pocos minutos.
Distinto fue estar con los ojos tapados. Aun cuando confiaba en mi compañero guía, me sentía insegura de mí misma, y tenía la sensación de que caminaba con poco equilibrio. Fue extraño notar esta inseguridad, pero al mismo tiempo me agradó saber que podía confiar en otra persona, alguien a quien no conozco demasiado, pero entendía que no sería defraudada.
Varias páginas en la web hablan sobre la importancia de confiar en sí mismo y en los demás. Quiero rescatar una frase que me pareció pertinente: “Pensar que en general las personas se comportan de buena fe y de acuerdo a lo que prevemos, es muy positivo para mantener una buena relación. Además, la confianza en los demás nos ayuda a actuar de forma más generosa y entregada". Pueden leer el resto del artículo aquí.
Confiar en otro significa dejar de lado los miedos; personalmente tiendo a ser muy controladora sobre mis actos, y a veces también sobre los demás. Permitir que alguien me guíe significa dejar esto de lado, relajarme, descansar, depositar de manera positiva mi libertad en las manos de otro, incluso se produce un lazo especial, puesto que me sentí, al final de la actividad, muy agradecida de haber sido bien cuidada y guiada.
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